
La Cuestión se origina en Barranquilla, Caribe colombiano
sábado, diciembre 03, 2005
Los cuadernos de Juan Mostaza (mes de julio)
BREVE Y SUMARIO JUICIO
Pretende ser esta columna hoy un juicio particular, breve, sumario y muy personal a uno de los peores aasesinos de la historia. Un delincuente que se ha llevado por delante miles de vidas, que sean o no valiosas sería materia de otra causa, casi siempre perpetrando el delito a cuenta gotas. Como todo crimen, con su victima arrastra a muchos más.
Lo peor de este juicio no es la desfachatez del acusado o la inoperancia del juez de la causa y del jurado. Lo peor es que a pesar de un caudal incriminatorio aplastante, de los unanimismos en su contra, goza de la ventaja que le otorga la condición kafkiana de su causa: irredimiblemente culpable, sometido diariamente a juicios sumarios que lo condenan, el acusado sin embargo no es capturado, a pesar de que, finalizada la audiencia, allí frente a todos, al alcance de la mano, se pasea campante o permanece desafiante donde le viene en gana.
Pero, por más sumario que el proceso sea, debe hoy exhibirse al menos una prueba. Me haré a la idea de que, abierta otra causa en contra de nuestro enemigo, el fiscal me ha cedido la palabra, no como testigo, sino como espontáneo que no resiste más la necesidad de presentar libremente un memorial de cargos pendiente.
Mis alegatos brillarán por su sencillez y me sentiré en liberad de restarles un poco de dramatismo trayendo a cuento algunos frustraciones bastante personales y, si se quiere, algo frívolas, si se le compara con diarios episodios acusatorios de mucha más trascendencia que versan sobre hogares destruidos, muertes de gente joven o crímenes en las calles. El tema es manido al punto de tornarse en lugar común. La tarea de los que desmenuzan el aspecto más trascendente del asunto se ha cumplido a cabalidad y seguirá cumpliéndose. Por ello, puedo aquí gozar de mayor libertad. Mi alegato se centrará el algunas víctimas que al sufrir el atentado han arrastrado consigo el patrimonio de su talento, que por su magnitud resultaba nuestro también. En la gigantesca muestra he detenido mi mirada en el deporte y el espectáculo, y allí cuatro víctimas bastante llamativas me sirven de botones de muestra.
¿Conoce usted a Diego Maradona? ¿A oído hablar del ciudadano Antonio Cervantes? ¿Le impactó la muerte de Hector Lavoe? ¿Sabe cómo las perversidades del acusado estropearon al señor Robert Downey Jr.?
El acusado no solo ha estropeado la vida de sus víctimas, sino privado a la humanidad del derecho natural de disfrutar del talento de ellas.
El palenquero se vio privado de todo lo que ya sabemos. Nosotros, de saborear de las mieles de la gloria de uno de los nuestros, algo que por aquellos tiempos era de lo que más escaseaba en el país.
¿Cómo sería un Pambelé sano hoy en día? Cualquier cosa algo mejor de lo que es, sin duda. De pronto económicamente quebrado, pero dueño de sí, autosuficiente, así fuera, digamos, haciendo de comentarista deportivo o algún papelillo de ocasión en algunas de nuestras deprimentes telenovelas, pero, de cualquier forma, dando espectáculo.
Estamos convencidos de que en el libro del destino no se había escrito que Lavoe moriría prácticamente solo en un apartamento de Nueva York hace doce años. Pero sucedió. El cantante era para entonces una caricatura de lo que fue otrora.
El acusado no es solo culpable de su muerte, sino de habernos privado de ver envejecer y madurar al artista, de andar mendigando hoy trabajos inacabados o producto de alguna improvisada grabación como el famoso “disco misterioso”.
La misma que ha dado al traste con muchas carreras, solo que la de este ha sido bendecida de tal manera por el virtuosismo, que sigue en pie, aunque no como debería: después de la consagración de su muy personal “Chaplin”, el único camino predecible para este gran actor era la de alcanzar rápidamente la categoría de Paccino, Hoffman o de Niro. El cine y el mundo del espectáculo deberían contar hoy con un ingrediente excelso con proyección franca al futuro. Sin embargo, el rumbo de la historia fue nuevamente torcido y seguramente el lugar de Downey viene siendo ocupado por otros no tan talentosos mientras que aquel debe emplear más tiempo en pasar pruebas de buen comportamiento y en resignar adelantos de su salario que a desechar papeles que pueden no ser de todo su agrado.
Así de funesto es nuestro enemigo. Lo que antaño nos arrebataba la muerte temprana de los talentosos, hoy resulta esquilmado por uno de los peores intrusos de la historia, que cada día tuerce más el rumbo de ella.
Por cuestiones de espacio, entre el tintero queda el caso de Myke Tyson, protagonista de un reciente y repulsivo espectáculo ante un mastodonte desconocido.
(Fotografías: magicasruinas.com, vivadiego.com, elcolombiano.com, williecolon.com y poster.net)