
La Cuestión se origina en Barranquilla, Caribe colombiano
miércoles, septiembre 07, 2005
Un asunto que no pierde vigencia
EL PROBLEMA DE LA LEGALIZACIÓN
Por Carlos Rosales
Hace unos años solo había una ruta para transportar la droga (costa atlántica colombiana-Cayo Norman-, el de Carlos Lehder, en las Bahamas, -costa de la Florida). Hoy debe hablarse en plural, con escalas tan improbables como Santiago de Chile, Hong Kong o Alaska. Y así como se han multiplicado las rutas, lo mismo ha pasado con los intermediarios, los funcionarios, algunos banqueros irresponsables –léase lavadores de dólares- los congresistas y hasta algunos presidentes untados de dinero del narcotráfico, precisamente por la manera como este se combate: usando la represión y no el control. El verdadero control. Aunque se ha permitido el porte de dosis personal en algunos países como Colombia, o en ciudades de Estados Unidos, y el cultivo de coca en pequeñas cantidades para que los indios del Perú y Bolivia continúen con su centenaria tradición de mascar la hoja de esa planta, tales medidas despenalizan el consumo, sin controlar el tráfico, lo que equivale a prohibir la venta de esclavos, pero no su compra.
Legalidad es lo que hace exageradamente lucrativo el negocio del tráfico de droga. Ahora bien: ¿quiénes son los principales interesados en que esta situación permanezca así? En primer lugar, como es obvio, los narcotraficantes, que con el fabuloso poder que logran alcanzar llegan a sentirse poco menos que emperadores (del crimen, pero emperadores al fin); en segundo lugar, los banqueros que lavan dólares, que no son todos, y en tercer lugar, algunos gobiernos, que detrás de una cortina de humo levantada sobre una falsa moral, utilizan la prohibición como pretexto para satisfacer deseos de dinero y poder que van desde simples sobornos hasta invasiones militares y el ascenso a la presidencia de un país subdesarrollado y corrupto.
Dice, ya para terminar, el paladín de la legalización de la droga en el periodismo colombiano, Antonio Caballero: “El cultivo de la coca ni es difícil, ni es costoso ni exige mucho trabajo. El café, por ejemplo, que requiere mejores tierras y exige más insumos y más trabajo, cuesta en el mercado internacional un dólar la libra (dos dólares, cuando hay bonanza). La cocaína cuesta hoy, puesta en los Estados Unidos, quince mil dólares la libra, Quince mil veces más. La razón de la diferencia es una sola: que el tráfico de la cocaína está prohibido y el del café no. la droga no es peligrosa porque sea dañina, sino porque es cara. Y es acara no porque exija sabiduría, tradición y esfuerzo, como la champaña; ni porque sea escasa, como el caviar; ni difícil de producir, como el plutonio; ni irrepetible, como un cuadro de Van Gohg. Al contrario: es cara porque, a pesar de que producirla es tan fácil y barato como producir azúcar, es ilegal. Y en consecuencia genera colosales beneficios, y en consecuencia un poder desmesurado que , como encima es ilegal, da una altísima peligrosidad social a quien lo tiene. Mientras el negocio siga siendo ilegal, no importa cuantos narcotraficantes sean encarcelados o muertos, sus herederos serán tanto o más poderosos que ellos”.